
Es sábado por la tarde y me encuentro sentada al costado de un árbol en el parque forestal, se pueden apreciar grupos de jóvenes compartiendo sentados conversando, riendo, unos con unas bolsas negras que manejan bien escondidas y que cuidan más que sus mismos bolsos.
El día de hoy se pueden ver personas de diferentes edades, desde niños pequeños, jugando entre ellos, quizás son primos o amigos, no lo sé, hasta adultos mayores simplemente sentados en las bancas mirando a las palomas.
Hay harto movimiento hoy, los sábados normalmente mucha gente suele venir al parque forestal a pasear, compartir, recorrer, buscar tranquilidad o simplemente apreciar.
Hay dos abuelitos sentados en una banca alejada de mi, pero que se puede observar desde acá perfectamente. Están sentados y sólo conversan, en sus rostros no destacan ninguna emoción, ni de enojo, ni alegría, no, en sus rostros sólo puedo ver paz. Es como si no les importara lo demás, no les afecta el ruido que un grupo de jóvenes hace entre conversaciones, licor y risas, tampoco les afectan los griteríos de unos niños que están jugando a la pelota, mucho más alejados, pero que sus gritos atraviesan todo este sector, en el que tranquilidad, alegría y euforia se mezclan.
Quizás qué es lo que los motiva a venir un día sábado a un lugar como éste, pero lo que puedo destacar que me agrada, es el hecho de romper con los esquemas que normalmente se pueden ver, ¿unas personas mayores deben descansar sólo en sus casas?, buscar tranquilidad fuera de las puertas que diariamente los separan del extraño y apurado mundo en que vivimos lo valoro, hoy en día muchos no dan pie entre tantos tic-tac y no dedican ni siquiera media hora para darse un respiro y observar, ellos lo hacen, esta pareja lo hace. Sí, me equivoqué. Hace unas horas pensé que sería la única persona acá dedicada a simplemente observar.
Bárbara Soza
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